(1-10-08)
- Una de las frases que por su significación acabaron llevando
a la ruina al comunismo, bien es cierto que al ralentí, ya
que tardó casi ochenta años en caer, fue aquella de
“todo el poder para los soviet”. En esa frase se pretendía
resumir la voluntad de hacer desaparecer cualquier atisbo de identidad
política, económica, o social de lo todo lo que no fuese
colectivización. Hoy se me antoja que se está reproduciendo,
pero en la otra orilla, en la derecha económica mundial.
No contentos con las orgías pasadas de pelotazos financieros
e inmobiliarios, que tras haber derruido su propia estructura normativa
les ha conducido al caos económico mundial, hoy, los fracasados
capitalistas, los de siempre y los recién asociados, los social-capitalistas,
coinciden en exigir medidas de los gobiernos que de nuevo expolien
las escasas dotaciones que al bienestar social, a trancas y barrancas,
mantienen algunos de esos estados.
Así, vemos como excepto unos corruptos congresistas yankees
que anteponen su reelección a sus convicciones, convicciones
que le impelen a apoyar la confiscatoria intervención de Bush,
todos los restantes pretenden salvar a los enriquecidos delincuentes
bancarios aunque eso suponga condenar económicamente a cientos
de millones de inocentes y agobiados ciudadanos.
Y en esta dinámica están tanto Obama como Mac Cain,
tal para cual, digan lo que digan, están Sarcozy y Merkel,
están Berlusconi y Brown, están González y Zp.
Cabe, inicialmente, pensar que cuando todos, absolutamente todos los
que en el conjunto de las naciones, a nivel económico, pintan
algo, todos, están en la misma línea, pudiera ser que
estemos en un punto en el que no cabe otra opción que la rapiña
que se pretende para salvar al capitalismo especulador, sin que a
cambio se asegure el bienestar social, el empleo y por ello la estabilidad
social.
Y ahí es donde está el quid de la cuestión que
entiendo permite abrir puertas, al menos en el campo de la reflexión,
sobre nuevas oportunidades alternativas.
¿Que sucedería si el sistema capitalista se depurase,
dejando caer, dejando morir, haciendo desaparecer, aquellos tumores
financieros que provocan estas crisis?
¿Qué sucedería si se constatase que los males
económicos y sociales que tal caída ayudada provocase
no solo fuesen inferiores a los males que los “rescates”
propuestos van a generar, sino que además sus costes económicos
resultasen más baratos?
¿Que sucedería si los Estados generasen, ante tal racional
acción, un nuevo foro económico que a nivel internacional
regulase, y vigilase las actuaciones financieras mundiales aplicando
fuertes e instantáneas sanciones a los responsables de las
infracciones?
¿Que sucedería si ese ente regulador y controlador alentase
las actuaciones financieras dirigidas a respaldar la actividad de
la economía productiva y su equilibrada distribución
y reprimiese las actuaciones especulativas y de concentración
de capitales?
Pues sucedería que el socialismo democrático, el socialismo
racional, el socialismo humanista, el socialismo posible habría
puesto pie para siempre allá donde hasta ahora todo poder ha
tenido pavor a entrar, en las entrañas de un capitalismo que
hoy, como antaño el pueblo en la Rusia zarista, cree no tener
nada que perder y se rebela contra si mismo al grito de “todo
el poder para los bancos”.
Hoy, pretenden asolar el progreso y las mejoras sociales con tal de
sobrevivir a sus errores y a sus abusos, cuentan con el respaldo de
los que pudieran identificarse como adversarios y estos, con su cobardía,
reinciden en la putrefacción que el nuevo socialismo, el llamado
socialismo del siglo XXI, inoculó en la social-democracia.
Estoy convencido que de una forma u otra, con su cerrazón y
su generosidad para con sus marionetas, los oligarcas sacarán
adelante sus propuestas, pero con ello, les guste o no, estarán
generando las condiciones para que mas temprano que tarde emerja de
nuevo una reconocible izquierda que acabe imponiendo tanta sensatez
como necesidad en el campo de la economía y de las finanzas
internacionales, y entiendo que esas dos virtudes reclaman que se
acote, que se limite, que se controle, que se supedite a ese poder
político, democrático y mundial, la acción destructiva
que el capitalismo de rapiña, el capitalismo desalmado, el
de siempre, pretende seguir provocando.
Dicen los más desalmados y cínicos capitalistas que
los tiempos de crisis económicas son tiempos de oportunidades,
puede que lleven razón, puede que también sea tiempo
de oportunidades para esa izquierda social que ni se ha vendido ni
se considera iluminada, pero que sigue entendiendo que este desorden
mundial no es, por injusto, ni deseable, ni sostenible.