(15-10-08)
- De todo lo que cuentan aquellos que dicen entender de esto del catacrac
del capital y que mas o menos he acabado entendiendo, se puede resumir
de forma simplificada en que de la pasta que ganaban los bancos se
derivó la conveniencia, su conveniencia, de, en el mundo mundial,
generar una demanda orientada hacia el acceso a la vivienda en propiedad
para particulares y en la financiación a pequeñas y
medianas empresas respaldada por lo que llaman garantías reales,
la propia vivienda y los bienes de la empresa financiada.
Tal fue la acogida que en los pasados periodos de bajos intereses
tuvo esa oferta, que la pelota creció de forma monstruosa,
de forma que lo que antes se financiaba como mucho al 80 % del valor
de mercado, en poco tiempo llego a financiarse al 100 % e incluso
mas, ya que el crecimiento artificial de los precios de la vivienda
era tan desbocado que la tramitación administrativa de las
hipotecas hacÍa que cuando se aplicaban los créditos,
estos, para entonces, eran ya inferiores a la cantidad que el tomador
necesitaba.
Así la pelota inmobiliaria creció y creció hasta
el punto de agotar las disponibilidades de los bancos, los cuales
se pedían dinero unos a otros respaldando tales peticiones
con paquetes de hipotecas con esas garantías reales, paquetes
de hipotecas entre las que las había buenas, las correctamente
tasadas y otorgadas a gente solvente, y las había de las llamadas
hipotecas toxicas, aquellas otras hipotecas cuyo respaldo había
sido sobre tasado y otorgadas a tomadores poco solventes y por ello
generadores de morosidad.
Cuando la burbuja llega a su cenit y los tipos de interés comienzan
a subir y al tiempo, los salarios bajan disparando la morosidad, y
cuando se empieza a descubrir que unos bancos a otros y todos entre
si, se han pasado mucha hipoteca, mas que toxica, letal, entonces
la desconfianza se asienta en los mercados financieros y las cañerías
de la financiación se secan, tanto para la vivienda, como para
el consumo, como para la actividad económica productiva.
Para entonces, los gestores de esos bancos hoy escaldados, se han
puesto las botas, ya que han logrado en el disfrute diario de la estallada
burbuja, unos ingresos personales astronómicos, y hoy, esos
mismos gestores están comprobando el acierto que sus gabinetes
de prospectiva les aventuraron en su momento con gran ventura, que
el sistema saldría a su rescate y se irían de rositas
sin rasguño alguno, endosando el estropicio a los bolsillos
de sus conciudadanos, estén estos hipotecados o no, ya que
los paganos finales de las alegrías rescatadoras de todos los
gestores gubernamentales vamos a ser de nuevo, y como siempre, los
trabajadores.
En esta situación se les atasca la principal arteria por la
que discurre la sangre del capital, el dinero, y esa arteria, la confianza
de recobrar lo prestado más los intereses, se seca, afectando
a la generación de riqueza que les permitiría a medio
y largo plazo cerrar el círculo del retorno de lo prestado
más los sustanciosos intereses. El quid de la cuestión
es que los bancos tienen dinero y que salvo algunos que han de hacer
frente al pago de capitales a amortizar en el corto plazo, la inmensa
mayoría disponen de liquidez como para asegurar los depósitos
de sus clientes y al tiempo proseguir, eso si con la cautela adecuada,
su actividad prestamista, su actividad financiera.
Hoy lo llamen como lo llamen, rescate, intervención, inyección,
lo que sea menos nacionalización, lo cierto es que les trae
mas a cuenta pillar el dinero ajeno, el de los trabajadores a quienes
los gobiernos de una forma u otra nos sacarán, que mover el
suyo. Vean si no fuese así lo que hoy la prensa nos anuncia,
que el banco central europeo ha subastado 98403 millones de dólares
a un interés medio del 2,23 %. Si ellos lo prestan a un mínimo
del 6,5 %, el negocio está clarísimo, y aprendida la
lección, seguro que afinarán el lápiz antes de
soltar el dinero con la alegría de antes.
En estas estamos que ya sabemos que el conjunto de los gobiernos capitalistas
que en la economía pintan algo van a destinar tres billones
de euros, ciento sesenta y seis billones trescientos ochenta y seis
mil millones de las antiguas pesetas, casi tres veces el valor de
todos los bienes y servicios producidos en España en un año,
un dineral nunca por nada invertido, lo van a destinar a engordar
a las mas sanas y lustrosas entidades que el mundo capitalista alumbró,
los bancos, unos bancos que ni uno solo ha depurado a sus gestores,
ni uno solo ha reconocido su mal hacer con lo cual se va a poner en
manos de los mismos pirómanos la gasolina que necesitan para
seguir con su gran negocio que es incendiar en su provecho los pocos
haberes del resto de los mortales.
Y como algún contrasentido parece que tiene esta medida, repito,
por todos los gobiernos practicada, están surgiendo las primeras
voces criticas, ya que dar dinero, salvar de la quema a quienes han
sido los provocadores de tal desastre no parece lo más acertado,
y más cuando, por lo que se ve, se va a aplicar sin establecer
cautela alguna que, primero, produzca ingresos a los erarios públicos
en la misma forma y cuantía en que ellos los obtienen cuando
son ellos los que prestan, y segundo, que el dinero se va a facilitar
sin establecer mecanismos de control e intervención globales
que impidan actuaciones como las que han llevado a la economía
mundial a esta situación.