(25-11-08)
- En la teoría de la evolución de las especies ya enunciaron,
Darwin y Wallace, qué, la lucha por la existencia, requiere
el ejercicio pleno de todas las facultades del animal para conservar
la propia existencia y mirar por la prole recién nacida.
¿
Quién no ha hecho sacrificios para situar a la prole en esta
sociedad competitiva ?, y ¿quienes no han dejado a un lado
su ética, ideología e, incluso, sus conceptos morales
más profundos con tal de facilitarles el camino?. ¿
Qué empresario no coloca en su empresa a sus vástagos
(y vástagas)?.
Si
esto es así, y hasta es considerado como un elemento en la
teoría de la evolución de las especies, debería
verse como natural que, tal protección, se haga desde cualquier
capa social u organización. Lo de inculcar valores, formación,
educación y esfuerzo; lo de competir en términos de
igualdad, mérito, publicidad y capacidad, queda para adornar
bonitos discursos cuando de la prole se trata.
Y,
si los empresarios colocan en sus empresas a sus descendientes, lo
mismo pueden hacer los sindicalistas de élite con los suyos.
La endogamia sindical tiene el mismo derecho a existir que cualquier
otra, ¿no?.
El
caso, aspectos filosóficos al margen, es que, otra vez, tenemos
que ocuparnos del "sacrificio" que una madre con cargo en
la UGT ha tenido que hacer por su hija, abandonando sus elevados conceptos
sindicales en pro de mirar por su prole.
El
"terror" del Gobierno Regional de la Comunidad de Madrid,
la Secretaria de Políticas Sectoriales de UGT Madrid, Carmen
López, ha visto colmadas sus aspiraciones: UGT Madrid, a través
de su Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente, ha contratado
a su vástaga. Un contrato laboral de 6 meses, que pasará
a convertirse en Fijo, y acogido al III Plan Director en Prevención
de Riesgos Laborales que firmaron en mayo de 2008 la Presidenta de
la Comunidad y los Secretarios Regionales de UGT y CC.OO.
Desconocemos
la titulación académica que haya podido aportar, pero
el contrato es de Titulado Superior que conlleva una remuneración
neta de 1.612,3 € mensuales por 14 pagas (salvo que en su caso
sea diferente). No está nada mal para no realizar labores en
la calle, puesto que su tarea se limita a labores en el despacho de
Marisa Rufino (Secretaria de Salud Laboral de UGT Madrid). De su formación
como Técnico en Prevención de Riesgos Laborales tampoco
tenemos datos, pero no es difícil que aparezca el oportuno
título ya que se adjudican como rosquillas en función
de quién se trate.
Pero
no se alarmen, son actos intrínsecos al concepto sindical que
hoy existe. Son organizaciones institucionalizadas, subvencionadas
y dirigidas por "ejecutivos" más preocupados en proteger
su entorno que en defender la meritocracia y otras lindezas por el
estilo. Poco importa que la elevada cifra de accidentes laborales
necesite contar con profesionales experimentados en la prevención,
y que estos deban ser seleccionados en razón a su preparación
y conocimiento del medio donde van a desarrollar sus funciones. Y,
en cualquier caso, esos puestos de trabajo deberían publicitarse
y someterse a algún sistema de selección, meritaje,
experiencia o, por qué no, concurso. Al fin y al cabo el dinero
destinado a su remuneración proviene de las arcas públicas,
no es la UGT la que paga, pagamos todos. Y, si la hija de la Secretaria
de Políticas Sectoriales de UGT Madrid, lo merece y está
capacitada pues que lo ocupe, pero en justicia y no por la partida
de nacimiento y/o adscripción político-sindical de su
progenitora.
Si
alguien se molesta en hacerlo, las hemerotecas están repletas
de denuncias hechas por los Sindicatos en casos de enchufismo, pero
siempre ajeno. Nunca reconocerán, ni denunciarán, el
que existe dentro de sus organizaciones. Darán cuantas peregrinas
razones se les ocurran para aparecer limpios de polvo y paja, o callarán
como muertos. Total, es una costumbre arraigada en nuestra cultura
y tampoco pasa nada, pero, al menos, debería servir para que
algunas personas - o personajillos - contuvieran su verborrea, y dejaran
a un lado su costumbre de dar lecciones de ética, dignidad,
y solidaridad con los más desfavorecidos.
Lo
paradójico de todo esto es que, lejos de servir para atajar
estás prácticas injustas que deberían ser ilegales,
tan sólo ayudan a que otros personajes cercanos a la aludida
se digan: la próxima vez le toca a mi mujer, cuñado,
hijo, sobrino, o vayan uds. a saber si ya no les ha tocado.