(21-1-09)
- No conozco yo receta culinaria alguna que esté compuesta
por un solo ingrediente, y si existiese, es más que probable
que hubiera que arrimarle a tan insustancial alimento algún
que otro condimento.
Por ello, y por lo aquí dicho en días anteriores,
no está de más conocer otro de los ingredientes del
guiso que está cociéndose en Caja Madrid y que nos están
sirviendo a los madrileños tanto los “fraternos púgiles”
del PP, como los traidores del PSOE-UGT.
Como todos han de saber ya, aparte de los miembros del PP, del PSOE,
de IU y de CCOO, la Unión General de Trabajadores está
representada en la Comisión de Control de Caja Madrid por un
tan antiguo como ambulante sindicalista, antaño destacado militante
socialista sector de la yenka, (léase izquierda socialista)
llamado M.A. Abejón.
Este ciudadano, digitalmente colocado en Caja Madrid por José
Ricardo Martínez, Secretario General de UGT-Madrid, en la Asamblea
General del pasado 10 de noviembre, expuso en la tribuna de esa reunión,
con contundente voz y débiles argumentos, las, para él,
razones por las que todos los designados por la UGT se abstendrían
en la votación subsiguiente. Fue esa la reunión en la
que se concretó y se visualizó de forma rotunda la confrontación
interna del PP y en la que el PSOE además de abstenerse como
la UGT, adoptó una actitud sepulcral, ya que así de
clamoroso fue su silencio. (Ver aquí el post del 11 de noviembre
“No saben/no contestan).
A nadie sorprendió la coincidencia en el posicionamiento de
ambas organizaciones ya que todos conocemos la mixtura de las listas
que por el “tercio” de impositores realizaron en su momento,
pero lo que es auténticamente sorprendente, o quizás
no tanto, es que también Abejón votase el otro día
en la Comisión de Control al lado de los chicos de la Aguirre.
Ante este hecho hay que preguntarse qué razón pueden
argumentar hoy los chicos de “Peperri”. No les vale aquello
de mantener la estabilidad de la institución que el simple
del Tomas Gómez repite y nadie cree. No les vale eso otro de
dar cumplimiento a una ley que, aun legítima en origen, por
establecer una vigencia en su aplicación de carácter
retroactivo queda descalificada. A estos muchachos de la UGT lo que
les mueve, lo que les ha movido a actuar de semejante guisa han sido
y son dos elementales y conocidos motivos.
El primero de esos motivos es la nada despreciable asignación
presupuestaria que desde la Comunidad de Madrid les llega vía
presupuestos públicos obviamente regidos por la lideresa. Y
el segundo de esos desprendidos motivos es, ha de ser, el nuevo trato
que, en caso de salir victoriosa la operación de Aguirre, obtendrían
estos sindicalistas cómplices, ya que no otra cosa ansían
que invertir la situación que respecto a CCOO hoy tiene la
UGT en cuanto al número de representantes en los diversos niveles
de participación en los órganos de la Caja, es decir,
las mismas “desinteresadas” razones que han movido a Pepiño
a decantarse por apoyar a la inductora del “Tamayazo”.
A día de hoy no sé si alguien tendrá todas las
claves de este lío, yo no, pero lo que sí sé,
es que tanto el señor Abejón como su colega de traición
en la Comisión de Control don Ángel Gómez del
Pulgar, -por cierto, ahí colocado por Antonio Romero-, pretenden
mantener, al menos mantener su estatus, y según la información
que en su día me facilitó el propio Ángel Gómez
del Pulgar, ese “estatus” está compuesto por la
tarjeta de débito que Caja Madrid puso a su nombre y en la
cual al parecer se ingresan mil doscientos euros al mes, euros totalmente
compatibles con las dietas que al menos por 1250 euros brutos reciben
por cada una de las dos reuniones que al mes celebran, propinillas
a las que hay que sumar, según me dicen, otra tarjeta de compras
en conocidos y grandes almacenes a la que mensualmente se le renuevan
los fondos.
Como pueden comprobar todos los lectores, este “guiso”
no está formado por un solo ingrediente, pero lo más
llamativo es que en la ejecución de la receta que nos están
ofreciendo estos “representantes de los trabajadores y de la
izquierda madrileña”, solo aparecen la ambición,
la mentira, el oportunismo, la compraventa interesada, la indignidad,
la avaricia, las ansias de poder y de enriquecimiento, y la corrupción
personal e institucional, es decir todo lo que da forma y sazona a
la política zapateril.
La otra evidencia de este inacabado lío en la cuarta institución
bancaria de España, es que como muchos saben y, aun, otros
solo sospechaban, estos sindicalistas de hoy nunca morderán
la mano que les da de comer.